Un Encuentro con los Astros en el Quilotoa

Cristopher Freire

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Datos importantes
Presupuesto:
Más de $100
Tiempo recomendado:
2 días

Un Encuentro con los Astros en el Quilotoa

Saliendo desde Samborondón, debes calcular unas 5 horas de viaje para llegar a este increíble destino. El Quilotoa es espectacular, y los paisajes del camino tampoco se quedan atrás. Esta laguna con forma de caldera pertenece al cantón Pujilí (de la provincia de Cotopaxi), y viéndolo desde donde lo mires, tendrás una vista que seguro te dejará impresionado. Ya sea que estés en los bordes de la caldera, donde podrás ver a los Ilinizas (un volcán de dos cumbres), o decidas bajar y alquilar un kayak, con el que tendrás una visión 360 desde dentro del cráter.

¡Imagínate! Pasarás de 4msnm a 3914msnm, mucho más cerca de las estrellas.

Antes de comenzar te contaré como llegué hasta aquí.

“¡Gana un curso de Astrofotografía dictado por Robinski!”

Era un post de Primax: se trataba de un concurso para ganar un cupo en un taller al cual tenía muchas ganas de ir, y con un fotógrafo que saca tremendas fotos de las estrellas. Para participar, debía comentar qué me inspira a vivir viajando. No lo pensé ni dos veces, ¡me animé a participar! Escribí:

“Aventurarme a nuevas ciudades, playas, bosques, cascadas; conocer culturas pasadas y costumbres actuales de la gente, sus expresiones, su amabilidad, probar sabores de comidas un tanto irreales, sumergirme en millar de nuevas experiencias, y lo mejor de todo esto, es poder compartirlo con más personas”

¡Gracias a ese comentario puedo compartirles mi aventura! Como se imaginarán, gané el concurso y fui parte del taller de Astrofotografía de Robinski en el Quilotoa.

Este viaje no fue en solitario. Mi misión, al igual que la de otras 10 personas, era cazar un cielo estrellado, de esos que inspiran. Nos reunimos en la Primax de La Puntilla y partimos a las 8am. Luego de un viaje movido, como cualquier viaje a la Sierra (entre curvas, subidas y bajadas), llegamos alrededor de la 1PM. ¡Finalmente!

Lo primero que hicimos fue almorzar en el hotel Chukirawa, ¡y qué vista que había desde el comedor! Al acabar nos llevaron a nuestra habitación ¡en un ático! (lo más curioso, esta no tenía un número sino un nombre, “Manzanilla”) Imagínate la vista que tendríamos al amanecer, ¡pero uf el frío que nos daría! Sin embargo, no importaba realmente, porque estaríamos fuera buscando astros en el firmamento.

Al ser la primera vez que visitaba el sitio, estaba alucinando con todo. Me pareció súper buena la ubicación de nuestro hotel, ya que estaba justo frente a la entrada a la laguna, por lo que podría salir en cualquier momento a admirar su esplendor. Una vez acomodados, fue lo primero que hice: caminé hacia ella, y fue entonces cuando vi esa majestuosa obra de una erupción de hace miles de años. Estaba llena de agua de un color espectacular, la misma que refleja cada rayo de luz del sol: quedé anonadado, los colores de la laguna junto al buen clima que nos recibió me tenían extasiado.

Rondamos un poco el lugar buscando un buen sitio para asentarnos y recibir la noche. Desde un palco incomparable, vimos el sol caer hacia el oeste entre bosques y montañas. Al llegar la noche, dirigimos la vista hacia el cielo: no era buen momento aún de tomar fotos. Estaba nublado, había solo una pequeña fracción de cielo despejada, y la aprovechamos mucho. Me salieron un par de fotos buenas y la noche seguía joven, así que no me desanimé. Seguimos allí hasta las 8PM, cuando decidimos volver para merendar ($4), tomar un canelazo para combatir el frío ($1.50) conversar un poco para luego salir al ruedo.

Mientras cenábamos, Robinski nos dio una clase de cómo capturar el esplendor del cielo nocturno. Nos contó sus experiencias, y también nos mostró una app que te ayuda a saber hacia qué dirección apuntar para capturar la vía láctea y demás constelaciones, una magnifica enseñanza.

Luego de cenar, algunos volvieron a cazar estrellas; otros subieron a su cuarto a descansar, porque la altura les había afectado. ¿Yo? bueno, fui a conseguir unos guantes, porque tenía las manos heladas. Me costaron $3, y son muy necesarios porque al estar fuera manipulando los equipos, tus manos se irán congelando de a poco.

Al salir al hotel ya tenía un nuevo amigo, un perrito muy interesado pero agradable. Le compartí un poco de comida y de inmediato fue leal, caminamos juntos por un camino rocoso, el cual iba alumbrando con mi linterna, hasta que volvimos a juntarnos con el grupo.

Para mi mala suerte, aún estaba la mayor parte del cielo nublado, y esos pocos espacios despejados no los podía aprovechar porque no tenía los equipos suficientes. Honestamente, eso no me importó: ¡yo debía capturar lo increíble que es ese lugar! Por eso, hice timelapses que capturaron el acelerado movimiento de las nubes encima del cráter, y salieron tremendos ¡clips!

Pasaron así unos minutos y no se despejaba el cielo. El frío y exceso de comida me sentaron mal, por lo cual decidí volver al hotel, y vigilar desde la ventana el momento en que las nubes no estén. Ya estando allí me gano el sueño y me dormí, no sin antes programar 10 alarmas para levantarme antes del amanecer.

Día 2

5:00 am

Al despertar, uno de mis compañeros me comentó que estuvo expectante a que no hayan nubes, pero no sucedió. Ya se estaba alistando para aprovechar el amanecer.

Salimos y aún estaba oscuro. Caminamos hacia los bordes y ya estaban todos disparando fotos allí. Disfrutamos del amanecer, del viento, del amarillo diurno del sol. Me fije también que en la parte baja, habían carpas para acampar, así que si te animas a pasar una aventura inolvidable, es una magnifica opción… ¡imagínate levantarte y que esta hermosa laguna sea lo primero que veas en tu día!

Volvimos al hotel a desayunar y conversar de nuestras anécdotas. Para despedirnos como se debe, volvimos al camino piedroso del Quilotoa para tomarnos una foto grupal.

Luego de unos minutos, nos subimos de nuevo a la van: oficialmente estábamos de regreso a Gye. Mientras nos alejábamos de la entrada del Quilotoa, venía conversando y alguien me dijo: “¿si tienes datos para que te lleguen las fotos?”. Entonces fue cuando reaccioné, ¡no tenía mi celular en el bolsillo! Tuvimos que regresar al hotel, ¡tremendo fail! Menos mal no nos habíamos alejado mucho, para mi buena suerte nadie lo había tomado :D

Cada minuto contemplando ese color turquesa del agua haciendo contraste con las rocas y la arena, es un momento ganado en la historia de la vida. Y si alguien se me acerca y me pregunta qué lugar de Ecuador recomiendo visitar, Sin duda diré “Quilotoa”.

Datos importantes
Presupuesto:
Más de $100
Tiempo recomendado:
2 días
Experiencia relatada por:
Cristopher Freire

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