Temporada de Ballenas ¡Al fin!

Daniela Medina

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Medio
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Temporada de Ballenas ¡Al fin!

Para comenzar esta pequeña aventura el punto de encuentro, por supuesto, fue la gasolinera PRIMAX de la Atarazana a las 5am y de esta manera recargamos combustible y cuerpo con unos snacks de Listo!

Tomamos vía la costa en dirección hacia la provincia de Manabí. Tomamos esta ruta, que es un poco más larga, porque quería que nuestro ganadores, Brenda y Rogger, disfruten el paisaje de la Ruta del Spondylus, ya que ellos son de Riobamba y hace tiempo que no disfrutaban del mar.

Hicimos unas cuantas paradas para tomar fotos en el camino; y después de un poquito más de 3 horas de cantar, reír, comer y también dormir un poco, llegamos a Puerto López, en donde teníamos que esperar hasta las 11 que nuestro barco salía hacia las ballenas. Así que decidimos turistear por la zona antes.

Puerto López está a 195 kms de Guayaquil aproximadamente. Se encuentra al suroeste de Manabí y es la base del Parque Nacional Machalilla. Se puede visitar todo el año: entre enero a junio por verano y de julio a diciembre en temporada invierno (aquí el agua es más fría pero con muchísima diversidad marina).

En nuestro paseo previo al zarpe, vimos puestitos de artesanías, cocteles y muchas personas ofreciendo los maravillosos platos de sus restaurantes (que van desde los $5 a $10 dependiendo de los mariscos con los que se los preparen). No les alargo el cuento: así fue como nos entró el bicho de querer probar el encebollado manaba.

Como íbamos a estar en alta mar unas 4 horas, lo mejor era comer algo ligero para evitar mareos en el barco, pero no nos podíamos ir sin probarlo. Nos tomamos una pastilla contra el mareo llamada Anautin, por si las moscas.

Una vez cerca la hora de irnos, nos encontramos en la agencia que nos vendió el tour llamada Millon Service (https://www.instagram.com/millonservicetravel).

El tour nos costó 25 dólares por persona. Nos llevaron al puerto y subimos en un bote de dos pisos (escogí la parte de arriba para aprovechar y tomar fotitos). Hay que esperar un poco para avistar ballenas. Antes pasamos por la isla Salango, donde pudimos observar aves marinas (pelícanos, fragatas, piqueros de patas azules) peñascos, acantilados, rocas con formas divertidas que son solo el abre boca de esta maravillosa aventura.

A lo lejos comenzamos a ver pequeños chorros de agua elevándose por los cielos… ¡esa es la señal de que las ballenas están cerca! Rápidamente nos acercamos mientras nuestra emoción va creciendo cada vez más. De pronto (o mejor dicho, ¡de la nada!) un gran salto de una ballena nos da la oportunidad, tal vez la única que tengan muchas personas, de ver lo majestuosos que pueden llegar a ser estos animales. Estos saltos, llamados en realidad rompedura, (sí esta blogger educa y divierte ;)), es la forma que ellas tienen de comunicarse porque causa un estruendo que ellas son capaces de escuchar a miles de kilómetros. Y al mismo tiempo nos permiten disfrutar de un espectáculo maravilloso (y llenar mi cámara con fotografías de ellas).

Durante el tour nos contaron que cada año las ballenas jorobadas inician su travesía de 7.000 km desde la Antártica hasta las aguas cálidas del Pacífico ecuatoriano. Conocidas por ser una de las especies más grandes, que hacen acrobacias y muy activas, son capaces de sacar su cuerpo completo del agua o nadar de lado con una aleta al aire (y qué bendecidos fuimos nosotros de poder ver todos sus saltos).

Nos contaron también que las ballenas adultas miden hasta 16 metros, dato que me contuvo de tirarme del bote y nadar a su lado (imagínense, un aletazo y adiós dalmeri). Este recorrido que hacen es para apareamiento y nacimiento de crías. Esos meses en las costas ecuatorianas son necesarios para que ganen grasa corporal y puedan volver fuertecitos y sanos.

Decidimos esperar hasta que dejen de danzar para continuar con el tour, regresando a un islote en donde aprovecharíamos el tiempo haciendo snorkel.

El tour incluye visor y snorkel para que de cerca veas las especies marinas y arrecifes que hay en el fondo de la isla (a solo 3 o 4 metros máximo). Yo, por supuesto, no podía irme sin ponerme mis aletas y tratar de recorrer la isla lo más que pueda.

Después de un par de rápidas horas en el mar, es hora de volver a tierra firme, comer un rico ceviche y emprender el regreso a casa con nuestro celular lleno de videos, nuestra cabeza llena de memorias, nuestra cara llena de sonrisas y nuestro carro lleno de gasolina PRIMAX que nos traerá más aventuras como esta.

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Experiencia relatada por:
Daniela Medina

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