Safari Andino en la Avenida de los Volcanes

Ambar López

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Datos importantes
Presupuesto:
Medio - más de $100
Tiempo recomendado:
Dos días

Safari Andino en la Avenida de los Volcanes

Viajar en la nueva normalidad es una experiencia que me gusta más. Nos exige a los viajeros a “hacer la tarea” con mayor esmero. Investigar regulaciones, horarios, aforos y reservar nos permite de cierta forma conocer previamente el destino que queremos visitar y creo que lo disfrutamos mejor al descubrirlo. Sin embargo, hay experiencias que por más que los planifiques, dependemos de la naturaleza para deslumbrarnos. En esta edición, te cuento como un viaje para descubrir la Avenida de los volcanes, se transformó en una experiencia única de safari andino.

Viajar en pandemia ha sido todo un reto que poco a poco le he tomado cariño y puedo decir que cada día me gusta más. Al vivir en un país tan diverso, encontrar destinos para visitar es una tarea sencilla y que casi no requiere mucha planificación. Sin embargo, con la presencia del SARS-COV-2 en nuestras vidas, la planificación se ha vuelto una tarea obligatoria.

Los lugares concurridos se han reemplazado por destinos con mucha privacidad y que garanticen el distanciamiento social. En este contexto, qué mejor que perderse en el páramo andino y descubrir las estibaciones de Los Andes que al ser tan extensas, garantizan en absoluto los protocolos de bioseguridad. Decidí entonces descubrir dos Parques Nacionales cercanos a la ciudad de Quito, que nos brindarían experiencias que jamás sacaríamos de nuestra memoria.

Partimos entonces desde la Primax de El Inca, luego de adquirir provisiones para esta aventura, nos dirigimos por la carretera E20 en dirección a Papallacta, ya que el primer destino era descubrir la cara poco concurrida del Parque Nacional Cayambe Coca en el sector de La Virgen. Si vienes de Guayaquil debes salir a la E35 para luego unificarte con la E20 durante unos 60 minutos. Mientras nos acercábamos a la zona, existía señalética advirtiendo precaución por la presencia de vida silvestre, que de cierta forma es normal en nuestro país, pero que me llevaría una sorpresa más adelante.  

El Parque Nacional Cayambe Coca abarca más de 400,000 hectáreas entre la Sierra y la Amazonía, así como varios pisos climáticos lo que lo convierte en un área excesivamente biodiversa. Existen varios ingresos a esta Reserva y decidimos ingresar por el sector de La Virgen, ubicado en la parte más elevada de la cordillera oriental de Los Andes y con la presencia de varias lagunas, por la gran humedad de la zona.

Era la primera vez que visitaba un Parque Nacional en época de pandemia y los protocolos eran cumplidos a cabalidad. Horario reducido de atención, reserva previa vía correo electrónico, lavado de manos y el compromiso de mantener el distanciamiento social fueron requeridos por los guardaparques. Me sorprendió que a pesar que la zona no es tan concurrida, habían ya algunos visitantes que llegaron antes y nos exigió esperar en la entrada para respetar el aforo máximo permitido.

Una vez que pudimos acceder, se visualizaba a lo lejos el complejo lacustre compuesto por las lagunas de Sucus, Ciega y Baños. Posterior a dejar el auto iniciamos el trekking que toma dos horas entre ida y vuelta, con una complejidad técnica y física baja. Una vez recorrido unos 500 metros, algo se movió en la naturaleza que de inmediato captó nuestra atención

La zona es conocida por su alta humedad y presencia de vida silvestre, pero poder ver a animales en estado de libertad requiere mucha suerte y por lo general ellos evaden los lugares de tránsito de humanos, pero era nuestro día y momento de suerte. Un hermoso venado de cola blanca, típico del páramo ecuatoriano, se abría paso entre la vegetación y nos permitía disfrutarlo en su esplendor. Rápidamente nuestro guía nos dio las indicaciones de seguridad del caso y nos alejamos lentamente sin verle a los ojos para que nuestra nueva amiga no sienta que estamos invadiendo su territorio.

Se acercó un poco más a nosotros, lo cual el guía interpretó acertadamente que estaba buscando a alguien más. De inmediato, y a escasos metros detrás nuestro dos cervatillos alzaban su cabeza, eran sus hijos y ahora entendíamos la preocupación de la madre. Retrocedimos lentamente mientras pudimos a la distancia adecuada fotografiar a estos hermosos ejemplares.  De ahí en adelante, supimos que nuestro día era de suerte, permitiéndonos visualizar varias especies de la zona como conejos de páramo, curiquingues, perdices de páramo y ranas endémicas.

Al llegar a la laguna pudimos apreciar la pureza de sus aguas. Los páramos son fuente de agua y suministro para la ciudad de Quito. En la zona existen cerca de 30 pequeñas lagunas que nos fueron enamorando una más que otra. Una vez emprendimos el regreso al vehículo caminábamos con la esperanza de poder tener un segundo encuentro con un venado de la zona. Pero el safari, nos tenía preparada una única sorpresa cuando escuchamos a lo lejos el sonido de un caminar imponente que se acercaba hacia nosotros. El guía de inmediato verificó la vegetación que era repleta de bromelias, una planta endémica del lugar que es una de las favoritas del increíble oso andino u oso de anteojos.

¡¡¡Estábamos en tierra de osos!!! Su apreciación fue cierta a los pocos segundos un maravilloso ejemplar caminaba a escasos metros. Nos pidieron no movernos, aunque mi corazón latía a mil por hora por la felicidad de tener un encuentro único con esta especie. El oso casi ni notó nuestra presencia y solo se detuvo un momento para que nerviosamente sacáramos unas fotografías.

Abandonamos el Parque Nacional Cayambe Coca con felicidad máxima por haber tenido esta increíble experiencia al ver tanta vida silvestre en un mismo lugar. Las fotos que capturamos no hacían justicia a lo bello del lugar y son recuerdos que los vamos a tener por siempre. Después de un nutritivo almuerzo en el sector de Papallacta, nos desplazamos cerca de dos horas hacia nuestro segundo destino en la avenida de los volcanes, el imponente volcán Cotopaxi. El ascenso esta vez lo hicimos por el sector de Selva Alegre en Sangolqui, donde inició un bello trayecto lleno de naturaleza y páramo andino. Nos esperaba ya nuestra reserva en una de las haciendas más conocidas del lugar, y el escenario perfecto para poder descansar de nuestra aventura matutina. La Hacienda Chilcabamba nos recibió con una espectacular vista del Cotopaxi, el segundo volcán activo más alto del mundo, donde luego de registrarnos completamos todas las formas de seguridad y protocolos que se cumplieron de forma adecuada. Fue un buen momento para compartir con gente local e intercambiar experiencias de cómo la pandemia ha cambiado nuestras vidas. Para finalizar el día, una deliciosa cena nos esperaba en la hacienda, el famoso locro de papa; mientras contemplábamos el atardecer con una vista del Sincholagua, Pasochoa, Rumiñahui, y por supuesto el majestuoso Cotopaxi.

El desayuno era con horario y teníamos media hora para hacer uso del restaurante, tiempo que fue corto cuando nuevamente el “Coto” se despejó en su máximo esplendor. Si bien intentamos llegar antes que aperturen el parque, nos encontramos con gran cantidad de visitantes que hacían fila esperando su ingreso. Luego de media hora de espera, accedimos al interior de Parque Nacional. A esa fecha (Noviembre 2020), el ingreso al Refugio estaba prohibido, solo podíamos recorrer los arenales y la laguna de Limpiopungo. Una vez que llegamos a la laguna, nos sorprendió la excesiva cantidad de vehículos que estaban esperando el acceso para hacer el recorrido del loop a Limpiopungo que suele tomar una hora aproximadamente. No fue mucho de mi agrado el recorrido, luego de haber pasado un día sin ver a nadie en el páramo, se me hizo un poco raro la gran afluencia de visitantes en el lugar.

Empezamos nuestro retorno cruzando nuevamente el Parque Nacional Cotopaxi en vehículo y  maravillándonos una vez más de lo afortunados que somos de tener esa avenida de volcanes en nuestro país. La pandemia y el alejamiento de las personas han permitido también que muchos de los animales silvestres nuevamente accedan a zonas que antes las catalogaban como riesgosas por la presencia de personas. Tuvimos nuevamente suerte de poder visualizar un venado y varias llamas a escasos metros de la vía dentro del Parque, seguimos los protocolos de apagar los motores para no asustarlos y permanecer en el vehículo hasta que los animales se apartaron sigilosamente. Es muy importante tener un total distanciamiento y respetar su espacio si queremos seguir teniendo estas experiencias de avistamiento de vida silvestre.

La pandemia ha cambiado y revolucionado la vida, no sólo de la humanidad, sino también de los animales con quienes compartimos este planeta. El confinamiento que hemos mantenido ha permitido que estos bellos animales poco a poco retomen sus espacios. Poder visualizarlos es una experiencia espectacular que debe ser realizada con absoluto respeto y considerando su territorio si queremos que se mantenga en el tiempo. El recorrido a través de la avenida de los volcanes es una experiencia única llena de misticismo, altas montañas, páramo y que ahora se añade la oportunidad de contemplarla en estado silvestre. Depende de nosotros convertirla en una actividad sostenible al ser viajeros responsables y realizarla con guías especializados, así como respetando los protocolos de bioseguridad y distanciamiento social. Nuevamente confirmo mi idea que viajar en pandemia, me gusta más que sin ella.

Datos importantes
Presupuesto:
Medio - más de $100
Tiempo recomendado:
Dos días
Experiencia relatada por:
Ambar López

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