Laguna Congelada en el Volcán Carihuairazo

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Presupuesto:
Medio - más de $100
Tiempo recomendado:
2 días.

Laguna Congelada en el Volcán Carihuairazo

Nuestro destino era el Volcán Carihuairazo, subir hasta su deslumbrante laguna congelada, de las últimas y más altas que se hallan en el recorrido. Para llegar hasta allí, tomamos la misma carretera que conduce al Volcán Chimborazo (la vía Riobamba - Guaranda) hasta llegar a un desvío.

La recompensa de levantarse tan temprano, fue que presenciamos cómo los primeros rayos de luz iluminaban el lado suroeste del nevado Chimborazo. El entorno pasó de oscuro a un tono celeste y amarillo. Sin duda paramos el vehículo (el cual conducía nuestro amigo y guía Wili) y, con las manos congeladas, tomamos varias fotos con el celular y la cámara.


El cielo se fue despejando poco a poco cuando circulábamos por el sector de El Arenal, eran las 06:20 Am y tomamos el desvío hacia la derecha en la vía Ambato - Guaranda. Desde ese punto hasta el ingreso que nos lleva al Volcán Carihuairazo, restaban 13 km, en ese momento nos encontrábamos dentro de la provincia de Tungurahua.

Luego de 15 minutos volvimos a girar a la derecha, como referencia había una caseta, no asomaba ningún letrero que indicara el acceso. Una señora de la comunidad nos dio la bienvenida. Nos comunicó que, aparte de registrarnos, debíamos pagar dos dólares por persona para que desajustara la cadena y podamos pasar.

La caseta (que funcionaba como oficina administrativa) estaba cerrada y el encargado de la llave aún no llegaba, pensábamos que se avecinaba una prolongada espera, pero dijo que nos permitiría pasar si prometíamos pagar el valor y llenar el registro a nuestro regreso.

Le dimos nuestra palabra y retiró el candado de la cadena. Continuamos por un camino de tierra, lodo y baches, pero también nos cruzamos con la gente de la localidad que paseaba a sus vicuñas, llamas y alpacas. Teníamos una gran vista de las montañas a lo lejos, razón por la cual bajamos del vehículo en una ocasión.


Durante la travesía nos topamos con varias intersecciones en forma de “Y”, no habían letreros, pero Wili sabía por dónde ir. En este tipo de recorridos siempre aconsejamos ir acompañados por un guía o alguien experto que conozca el camino, así como un carro 4x4.

Como única orientación estaba un cartel que decía Ruta de Ciclismo –donde viramos a la izquierda– y más adelante apareció un letrero que indicaba la zona de parqueo y el punto donde empezaba el sendero hacia la Laguna Congelada, el cual también se toma para realizar actividades de alta montaña. Decidimos avanzar unos metros más para entrar a pie por una ruta alterna que sugirió Wili.

Desde donde nos estacionamos veíamos la Laguna Pailacocha. Nos alistamos para sobrellevar el frío, ya que con sólo bajarnos, nuestros cuerpos no paraban de temblar. Tomamos agua panela con orégano para calentarnos por dentro y comimos pan casero que nos ofreció nuestro guía y amigo.

A las 07:45 Am comenzamos a caminar entre la vegetación. Pasamos encima –dando pequeños saltos– de los “almohadones”, conocidos como páramo de almohadillas, lucen como una almohada circular que sobresale de la tierra, se encargan de retener casi el 75 % del agua; según nos comentaron, su función es similar a la de una esponja y ayuda al resto de las especies de plantas en época de sequía.

Este era un camino secundario, muy poco transitado a excepción de los animales, como las vicuñas. También era irregular, los bastones de senderismo facilitaban cada paso. Frente a nosotros teníamos al Volcán Carihuairazo y a nuestras espaldas se ubicaba el Chimborazo, ambos tapados por las nubes.

Las lagunas iban apareciendo a medida que avanzábamos, tenían distintos tamaños y formas. La primera en asombrarnos fue la del Campamento Uno, así se llama este sitio donde es posible armar la carpa para pernoctar. Nos movíamos a buen ritmo, parábamos para tomar fotos, subir a las rocas altas y observar las montañas.



Luego de continuar algunas horas por el camino alterno que nos llevó Wili, nos conectamos con el sendero original, el cual se encontraba completamente trazado de principio a fin con pequeños palos o piedras pintadas con un círculo –o flechas– de color rojo.

En un momento nos sentamos sobre unas rocas para comer nuestro refrigerio, habíamos llevado frutas con chía, chocolate y frutos secos. Es fundamental estar bien alimentados e hidratados para este tipo de aventuras. Nuestro sándwich de pollo con vegetales –la comida más fuerte– lo mantuvimos guardado hasta alcanzar nuestra meta.

La siguiente laguna en sorprendernos, a pesar de verla a lo lejos, fue la Laguna Verde. Para llegar hasta ella debíamos desviarnos alrededor de una hora, o incluso más, pero lo dejamos para otra ocasión. Aún nos esperaba una distancia larga por recorrer.

Una de las mayores características de este trekking, son las lagunas. Nos acercábamos lo más posible sin alejarnos tanto de la ruta, merecían ser admiradas y fotografiadas. La vegetación de la zona también llamó la atención de nuestras miradas.


Aunque el Carihuairazo seguía oculto tras las nubes, se podía observar una parte de su nieve. Más adelante, a un costado del camino, vimos unas pequeñas rocas colocadas en el suelo de forma circular, quizás hechas por personas que acamparon en esa zona. Continuamos un par de metros más, persiguiendo las flechas que aparecían en el sendero, hasta que, luego de cuatro horas, alcanzamos nuestra meta.

Acorralados por una ligera neblina, y con frío, llegamos a la Laguna Congelada. Alucinamos con su tono verdoso y el glaciar que descansaba a un costado de la orilla. Acercamos nuestras caras al hielo hasta escuchar sus crujidos y goteos. Poco a poco el clima fue despejándose.


Los tres nos separamos y anduvimos por diferentes direcciones (sin perdernos de vista ni alejarnos). Andrea bordeó la laguna hasta alcanzar la otra orilla y encontrarse con una especie de mini cueva congelada. Wili y yo subimos por la nieve –su textura era firme, los zapatos no se enterraban–, él corriendo y yo dando pasos lentos y cortos. Nos hallábamos alrededor de los 4.800 msnm.

Sin darnos cuenta, permanecimos casi dos horas allí –hasta la 01:30 Pm–, disfrutando del paisaje, contemplando la laguna desde distintas perspectivas y descansando. Antes de emprender el regreso, comimos barras de cereal y nuestro sándwich de pollo tan esperado.

A lo lejos pasaron unas vicuñas corriendo, descendiendo la montaña como quien está en medio de una maratón al nivel del mar. No queríamos marcharnos, pero el frío estaba aumentando. Parte de la cima del Carihuairazo se dejó ver. Y antes de dar media vuelta, Wili se arrodilló y hundió la cabeza entera en la laguna para refrescarse con la naturaleza, nosotros no nos atrevimos ni a meter la mano completa.



Los primeros metros del descenso, los hicimos por un camino alterno –con piedras–, desde donde obtuvimos un aspecto diferente del paisaje montañoso, hasta que salimos al sendero tradicional. Tardamos dos horas y media en regresar, estábamos cansados, pero como recompensa, las nubes se alejaron un poco del Chimborazo y logramos ver otra de sus caras.

A las 04:00 Pm nos encontrábamos dentro del vehículo, sólo quedaba salir hasta la vía principal y retornar a Riobamba, no sin antes cumplir nuestra promesa de pagar los $6.00 en la caseta de entrada a la señora y escribir nuestros datos en la hoja de registro. Al parecer, esta medida de cobro es reciente, con lo cual pretenden arreglar los baches y darle mantenimiento al sitio.

Recuerda sumar estos $2.00 extra a la hora de visitar la Laguna Congelada. Por lo general, el precio de un tour guiado ronda los $40.00 por persona. Y si al finalizar el recorrido, sientes que el vacío en tu estómago no aguantará hasta llegar a la ciudad, puedes hacer una parada y comer en la gasolinera Primax que se ubica a la altura de Calpi.




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