La Rinconada

Mauricio Torres

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Datos importantes
Presupuesto:
Más de $100
Tiempo recomendado:
Tres días

La Rinconada

A la Rinco se llega un poco después de un par de horas de viaje, por un camino montañoso y bastante verde. Antes de llegar, se puede hacer una parada técnica en Montañita, para comer unos calzones espectaculares en Rastapan (los mejores son los caprese y los de tocino).

Si uno sale de Guayaquil después de la jornada laboral del viernes, puede llegar a la noche, donde uno es recibido por Ricardo, también conocido como Porky. Él es un argentino radicado en Ecuador, quien ama la observación de aves el arte, además de Boca Juniors. Es un excelente anfitrión, que siempre te atenderá con una sonrisa.

La Rinco está en una montaña, y toca subir y bajar bastante. Las habitaciones son espartanas pero muy lindas. Pero lo mejor es, que al salir de ellas, uno puede relajarse y ver el océano y la costa hacia el sur. Esto lo convierten en el lugar perfecto para terminar de leer algún libro que esté pendiente o simplemente no saber nada de nada. Por eso, Porky advierte que si uno está buscando fiesta y trasnocharse, La Rinco no es el lugar correcto.

Esperaba poder visitar los Frailes, que no había ido desde hace unos 15 años. Pero ese fin de semana no paró de llover, hasta de manera torrencial en algunos momentos. Esto era un incentivo para quedarme en cama y disfrutar de no hacer nada. Sin embargo, tenía fe de que el clima cambiara en algún momento y me dirigí a Los Frailes. Pero en el camino encontré una comuna ancestral, llamada Agua Blanca. Desde la garita, los guías ya invitan a que uno conozca esta comuna muy particular. La entrada es de $5 por persona.

Cuando uno menciona a los "indígenas" del Ecuador, tenemos esta imagen que solo se aplica a los de la Sierra o Amazonía. Sin embargo, en Agua Blanca, sus residentes se identifican como tal, y además, se refieren a la cultura Manteña, como sus ancestros directos. Una vez que se ha llegado a la comuna, uno puede visitar un museo en el que hay piezas de alfarería y además lugares de entierro con cientos de años de antigüedad. El pequeño museo, de un carácter rústico, es bastante completo, teniendo en cuenta lo poco estudiada que ha sido esta cultura en comparación con los Cañaris e Incas.

Al salir del museo, se puede caminar por los alrededores: hay una pequeña capilla, se ve una gran concentración de chivos (sobre todo en las afueras de la capilla) y también puedes visitar una piscina de lodo a la cual se accede por un sendero de varios metros. Si bien ya estaba cubierto de lodo hasta las rodillas por la lluvia, embarrarme de lodo hasta la cabeza no iba a ser de mi agrado, y esto quedó como asignatura pendiente. Por esto recomiendo ir en zapatos adecuados para caminar en lugares enlodados, porque además hay la opción de hacer caminatas más largas y en montaña. También hay un pequeño restaurante donde se puede comer el especial local: seco de chivo, si es que se quiere experimentar totalmente la cultura local.

Al llegar a Los Frailes, el clima seguía igual, y además, el acceso ya estaba cerrado (eran las 4pm). Así que dando media vuelta, salí a buscar donde se podía comer en el camino de regreso a La Rinco. Las mejores y más variadas opciones estaban en Ayampe. Pude ver varios lugares que me llamaron la atención, así que pensé en probar uno el sábado, y dejar otro para el día siguiente. Elegí Aloha Ayampe, frente al mar, y coincidió justo con la caída del sol. Una buena hamburguesa con papas fritas fue más que suficiente para matar el hambre que arrastraba desde el desayuno. Ver además cómo el resto de turistas disfrutaban de la caída del sol, daba la sensación de no estar solo, por lo contrario, sentí que compartía este momento con un poco de desconocidos de todos los rincones del mundo.

De regreso en la Rinco, el cansancio pudo más, y después de una botella de vino, fui directo a la cama a ser arrullado con el sonido de las olas y nuevamente, la lluvia.

Con un día igual al anterior, decidí no ir a Los Frailes y conversar un rato con Porky. Él me contó cómo ha construido este pequeño hueco donde uno se rodea de paz. Además me habló de su nuevo libro, sobre las aves de la costa y Galápagos; el cual está solo en una versión digital por el momento. Él recomienda visitar la pequeña comuna al bajar la montaña, donde dice que hay una buena oferta gastronómica, y si la marea es lo suficientemente baja, se puede caminar hasta La Entrada (la siguiente comuna varios kilómetros hacia el sur). Listo para seguir sus indicaciones, el cielo se abrió, paró de llover y decidí partir hacía el norte, una vez más a visitar Los Frailes.

Para acortar el cuento, a los 20 minutos de llegar, se nubló todo de nuevo, y empaqué y regresé al auto. Pero esta vez fui directo a Ayampe a comer. En esta ocasión, hice una parada en un lugar llamado Al Paso. Si bien la comida se demoró una eternidad, valió la pena. Cada plato es suficiente para alimentar a dos o tres personas. Yo, con mi súper alergia marisquera, opté por una de las mejores carnes apanadas de mi vida, acompañado por patacones y papas fritas, con un a jarra de limonada y una cerveza helada. Todo esto por una valor que rondea los $10. Se puede pedir algo similar pero con comida de mar igualmente. El lugar es pet friendly, así que si estás con tu mascota, puedes ir con ella, y sobre todo, se hará amiga de los dos perros locales que ya están ahí.

Optando por regresar a Guayaquil, decidí cruzar la cordillera para llegar a la provincia de Santa Elena, y no sin antes parar por la Entrada. Había escuchado hablar de sus bellos murales, pintados por artistas que estaban residiendo en esta localidad.

Es una pequeña comuna con habitantes alegres (hasta me invitaron a sentarme a pegarme unos shots de caña), paseé por sus calles y vi cómo estos murales, convertían a la comuna en un lugar sacado de un cuento. Ninguna pared es desperdiciada y además hay muchas que serán intervenidas a futuro. Es un trabajo de años y de mucho color. Es un lindo paseo que no dura ni una hora eso sí.

Al final de esto, paré en un centro cultural donde conocí a varios de los artistas involucrados, incluido Darwin Ruiz (@darwinruizruiz). Ellos comentan que es un proyecto de varios años en los que han recibido apoyo de la empresa privada y por su parte, han dado clases de arte a los jóvenes de la comuna. Tienen una pequeña tienda donde se puede ver su arte y el de los chicos locales también. Es una bella iniciativa, que se puede ver y disfrutar en vivo y en directo.

Con eso, ya partí de regreso a Guayaquil. Feliz de haber descubierto lugares que jamás hubiese conocido si no hubiese llovido y Los Frailes hubiese estado cerrado. Una comuna donde aprendí que en la costa también hay indígenas orgullosos de sus ancestros, y de otra comuna en la que esta misma, se convierte en una obra de arte colectiva y propia de ellos.


Datos importantes
Presupuesto:
Más de $100
Tiempo recomendado:
Tres días
Experiencia relatada por:
Mauricio Torres

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