¡Glamping en época de Covid-19!

Ambar López

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Datos importantes
Presupuesto:
Medio - $150
Tiempo recomendado:
Dos días

¡Glamping en época de Covid-19!

Sé que te encanta viajar: preparar la maleta, descubrir nuevos lugares, experimentar las más variadas emociones… ¿pero se puede viajar en épocas de pandemia? ¡Pues sí! En esta edición, te cuento cómo fue mi experiencia de glamping en épocas de confinamiento: ¿es seguro hacerlo?, ¿y los protocolos?

La pandemia declarada por la Organización Mundial de la Salud por el brote de COVID-19 ha revolucionado la forma en que realizamos todas nuestras actividades. El sector del turismo no ha sido la excepción, y lastimosamente ha sido uno de los más afectados debido a la cancelación de vuelos, suspensión de transporte interprovincial, y las restricciones de movilidad. Sin duda alguna, la reactivación del turismo dependerá del cumplimiento de las directrices de distanciamiento social, limitación de aglomeraciones y cultura sanitaria que mantengamos. Una vez que mi ciudad cambió a semáforo amarillo, decidí organizar una experiencia que, ante todo, nos mantenga seguros. El glamping fue la experiencia que más me llamó la atención al cumplir con todos estos requerimientos, pero… ¿qué es?

El glamping es un acrónimo de dos palabras: “glamour” y “camping”. Lo que busca es combinar de la mejor manera la experiencia y libertad de acampar al aire libre con el lujo y comodidades de un hotel. En Ecuador existen muchos lugares para acampar, pero pocos donde puedes experimentar el glamping en todo su esplendor. Sin lugar a dudas, fue la mejor experiencia para poder mantener los criterios de distanciamiento social y seguridad sanitaria que el COE Nacional exige para la vuelta a la “nueva normalidad”.

El lugar que decidí visitar para esta experiencia se encuentra ubicado en la parroquia de Tababela, a unos 60 minutos de la Primax del Inca al norte de Quito. Para acceder, basta tomar la Ruta Viva al salir de la ciudad. Luego, debes tomar la Ruta E35, rumbo al Aeropuerto Internacional de Quito, y en el sector del redondel de El Quinche se debe tomar el desvío a la parroquia de Tababela: a 6 minutos se encuentra Samay Glampling. Si vienes desde Guayaquil u otra ciudad, debes tomar la Ruta E35 hasta el sector del intercambiador de Pifo. Si vienes por vía aérea, puedes tomar un taxi desde el Aeropuerto, ahí estás a 5 minutos del lugar.

Samay Glamping cuenta con una variedad de habitaciones personalizadas: puedes escoger entre clásicas habitaciones tipo hotel, pasando por locaciones un poco más inusuales como dormir en una furgoneta vintage equipada, un container, o una cueva; hasta opciones luxury como una casa de árbol, una pirámide o una burbuja. Estas últimas cuentan con jacuzzi y área de bbq privada. Finalmente, el lugar dispone de áreas comunes como canchas deportivas, sala de juegos y karaoke.

Mi primera duda era: ¿cómo se iban a garantizar los protocolos de distanciamiento, uso de mascarilla y desinfección de espacios? Al llegar, descubrí que el uso de dinero físico estaba prohibido y todas las compras se hacían con tarjeta de crédito. Llené una forma de sintomatología, y todos los ocupantes del vehículo tuvimos que pasar por una estación de toma de temperatura y desinfección de manos para acceder al lugar. Cada una de las habitaciones cuenta con un cerramiento, lo que garantiza el distanciamiento social, y el uso de mascarilla era obligatorio en las áreas comunes.

Además, el lugar contaba con varios tramos con alfombras de desinfección y dispensadores de alcohol gel, así como su staff utilizaba mascarilla en todo momento. Hay que resaltar que no había salido de mi casa en casi 4 meses, por lo que esas acciones fueron dándome confianza. A pesar de que mi habitación estaba completamente limpia, llevé mi kit de desinfección para garantizar y aumentar mi sensación de seguridad.

Luego de acomodar las cosas en la habitación, decidimos realizar el trekking al Río Guambi, que dura dos horas entre ida y vuelta. El descenso se realiza por una quebrada empinada y se puede contemplar la flora y fauna de la zona. Mientras ascendíamos, nos sorprendió la cercanía con la que cruzaban los aviones por “encima” de nuestras cabezas, lo que convierte a este lugar en un paraíso para los spotters. Al terminar, fuimos a los columpios sobre la quebrada: parecía que no tenían fin. Fue una gran experiencia, y ni hablar del atardecer precioso con el sonido del río de fondo.

Para la cena, puedes optar por la comida del lugar, contratar a un chef privado para un asado en tu habitación, o llevar tu propia comida. Nosotros llevamos nuestra propia comida y un hornito para calentarla, mientras admirábamos el cielo despejado de esa noche, en la red suspendida sobre el río. Un baño de agua caliente en el jacuzzi fue la mejor manera de terminar el día.

El descanso es una de las diferencias fundamentales del glamping con el camping. Poder descansar plácidamente, con calefacción a tu lado, en una cama cómoda, grande y varias almohadas mientras contemplas las estrellas… es una experiencia de lo más gratificante. Si necesitas ir al baño, a varios pasos cuentas con uno privado, agua caliente y una estación de bebidas. Al amanecer pudimos contemplar la salida del sol mientas disfrutábamos de un café en el borde de la quebrada. El desayuno es llevado a la habitación a la hora que tú elijas. Esta iba a ser nuestra primera vez probando alimentos fuera de casa en más de 4 meses, lo que nos levantaba inquietud sobre el proceso y protocolos sanitarios.

A la hora exacta timbraron a nuestra habitación 2 personas del staff con equipo de bioseguridad: una era la encargada de desinfectar la mesa de la habitación y otra llevaba los alimentos protegidos y en envases cerrados. Mi confianza iba aumentando y no tuve miedo en probar el desayuno que se veía delicioso. ¿La comida? Jugo de fruta natural, yogurt con frutas y granola, pan artesanal, huevos, jamón, pancakes y chocolate caliente que disfrutamos alado de la piscina con un buen sol matutino. Me gustó mucho el sabor, y a pesar de tener algo de duda por la preparación, creo que los protocolos fueron adecuados.

Llegó el momento de despedirnos de esta hermosa habitación y dejar la elegancia del glamping. Recogimos nuestras cosas para el checkout, que fue también sin contacto alguno y con el protocolo de desinfección correspondiente en la salida del lugar.

La experiencia de glamping en tiempos de COVID-19 cumplió mis expectativas. Si bien todos como sociedad estamos aprendiendoa vivir en esta nueva normalidad, considero que los protocolos realizados cumplieron mis expectativas. Ante todo, mucho distanciamiento social, uso comunitario de mascarilla y normas sanitarias que garantizaban la seguridad de sus visitantes. Al inicio, me sentía con temor ya que no había salido de mi casa en varios meses, pero poco a poco fui perdiendo el miedo y concentrándome en la experiencia de glamping, que estuvo fabulosa. Pudimos caminar en la naturaleza, realizamos diversas actividades al aire libre, probamos comida deliciosa. Además, el descanso reparador y muchos otros lujos de hoteles, pero viendo las estrellas al borde de un cañón. Sin duda alguna, este tipo de experiencias serán parte de la nueva normalidad a la que, como viajeros, debemos acoplarnos paulatinamente. ¿La repetiría? Por supuesto.

Datos importantes
Presupuesto:
Medio - $150
Tiempo recomendado:
Dos días
Experiencia relatada por:
Ambar López

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