Descubriendo Imbabura desde las alturas

Ambar Lopez

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Datos importantes
Presupuesto:
Alto - más de $200
Tiempo recomendado:
Dos dias

Descubriendo Imbabura desde las alturas

Descubrir Imbabura desde las alturas es una experiencia que siempre la quise realizar. Con una cantidad impresionante de lagos, montañas, y coloridos poblados, es uno de los destinos turísticos que más atraen a los ecuatorianos. Descubrí que existen algunas experiencias que garantizan el distanciamiento social, tan de moda al encontrarnos en pandemia, y que me iban a permitir descubrir uno de los paisajes más bellos del mundo a las faldas del Taita Imbabura.

Partimos de la Primax de El Condado, en el norte de Quito, para tomar la Panamericana o Carretera E35, en destino a su capital, Ibarra. Si tu viaje inicia de Guayaquil, es mejor avanzar hasta la localidad de Santo Domingo y tomar a ruta E20, que te unirá a la E35 para recorrer hacia el norte del país. Luego de atravesar el Valle de Guayllabamba iniciamos un ascenso a Los Andes por la carretera que conduce a Cayambe para nuestra primera parada gastronómica e iniciar de la mejor manera nuestro recorrido, descubriendo el Reino del Queso.

Este restaurante, es una excelente opción para iniciar el día con un desayuno nutritivo y con las delicias locales de esta región mayormente ganadera. Un factor que nos cautivó es cómo este lugar se ha adaptado a la pandemia y mantiene un concepto de distanciamiento novedoso en sus mesas. Cada una de estas, se encuentra en un domo privado que personaliza tu experiencia y garantiza el cumplimiento de protocolos de bioseguridad.

Además las mesas se encuentran dentro de un hermoso jardín con lago incluido que lo hace simplemente mágico. En lo que refiere a comida, optamos por le desayuno completo cayambeño, que consistió en jugo fresco, chocolate caliente con queso, huevos, fruta y una bandeja completa de panes locales y sus famosos bizcochos de Cayambe; una delicia que nos cargó de energía para avanzar a nuestro primer destino “de altura”.

Nos dirigimos entonces unos 45 minutos en destino hacia Otavalo a un lugar ubicado en la cima de la loma Pucará de Curyloma, a 2.800 msnm. Este lugar es un centro de rescate de aves por lo general maltratadas o impronta, es decir, que fueron cautivadas por el hombre y por su estado ya no pueden ser reinsertadas a su hábitat natural. El nombre de este centro es Parque Condor, y me gustó mucho ya que desde un inicio te explican que no es un zoológico, sino un centro de rescate animal.

Al estar en la parte más alta de la loma, es un sitio con una vista privilegiada donde se puede admirar el Volcán Imbabura, el pueblo y Volcán Cotacachi e incluso el Cráter de Cuicocha. Además tuvimos una vista única de la localidad de San Pablo del Lago. En primera instancia pudimos recorrer sus senderos para descubrir varias especies como curiquingues, búhos, lechuzas, gavilanes y águilas. Nos deslumbramos con la espectacular águila harpía que habita en la Amazonía y un grupo de cóndores andinos que son las estrellas del parque. Lastimosamente dos especies en peligro de extinción en el mundo.

El plato fuerte de esta experiencia de altura, fue la exhibición de vuelo. Es una experiencia interactiva de 45 minutos de duración, donde un entrenador calificado nos explicó la importancia del cuidado de estas aves y las acciones responsables que podemos aportar para evitar que estos bellos animales sigan cayendo en cautiverio y evitar su extinción.

Finalmente, una exhibición de vuelo de 3 ejemplares nos dejó atónitos al observar maravillados como estas hermosas aves se levantan en vuelo y recorrían esos pasajes de Imbabura. Experiencia que en algo íbamos a imitar el día siguiente. Luego de tomar fotografías panorámicas de este bello lugar, disfrutamos de una delicia local: habas con choclos y queso tierno de Otavalo. Una delicia que la saboreábamos con el telón del Imbabura a nuestras espaldas.

Con el estómago lleno, descendimos nuevamente hacia las orillas del Lago mientras lo rodeamos por el sector de La Esperanza, en dirección al Parque Acuático. Ahí nos esperaba ya nuestro alojamiento, en la Hostería Cabañas del Lago, un complejo tradicional de la Provincia de Imbabura con varias cabañas familiares, un restaurante con vista al Lago, y una marina para practicar varios deportes acuáticos. La parte final de la tarde la dedicamos a relajarnos mientras contemplábamos el atardecer frente al Lago más grande del país.

Previo a la cena, disfrutamos una partida de mini golf en un complejo de 14 hoyos temáticos a las tradiciones de Otavalo. Decidimos cenar en nuestra habitación, y ordenamos algunas delicias de la famosa gastronomía mestiza con un toque de gourmet. Mi favorito, las empanadas de morocho con salsa de rosas y ají local. Al calor de una tradicional fogata, descansamos plácidamente.

Nos despertamos muy temprano por la actividad de altura que nos esperaba. Volar en globo aerostático no es una experiencia común en el país, pero desde hace un par de meses hay una empresa que tiene la autorización del ente gubernamental para este tipo de actividades. ¡Qué mejor escenario poder disfrutar del amanecer reflejado en el Lago San Pablo y visto desde un globo! Los vuelos se realizan en las primeras horas de la mañana en concordancia del poco viento y buscando obtener las mejores condiciones climáticas para esta aventura.

Arribamos al aeropuerto a un costado del Lago, y recibimos la charla de seguridad. En las alturas íbamos a estar solos y únicamente acompañados del piloto certificado para esta actividad. Subimos a la canasta y un ruido fuerte era el inicio de la aventura, el aire caliente impulsaba al globo y empezábamos el ascenso a más de 60 metros sobre el suelo.

El clima no pudo ser mejor y a eso de las 06 AM ya estábamos contemplando una estampa que no se olvidará de nuestra mente. El viaje es muy tranquilo y dura cerca de 25 minutos en los cuales pudimos tomar fotografías, generar contenido y disfrutar del paisaje. El aterrizaje fue un poco más movido pero nada preocupante, y al final nos esperaba con un delicioso desayuno local que estuvo increíble, el complemento perfecto para finalizar nuestra primera experiencia en globo aerostático.

Ya de regreso en la Hostería, era hora de tener algo de adrenalina. Aprovechamos algunos de los deportes acuáticos que existen en el complejo donde buscamos actividades que garanticen el distanciamiento social y evitar aglomeraciones.

Optamos por un recorrido de más de 30 minutos en kayak por el Lago San Pablo, donde pudimos descubrir algunos muelles secretos, una vista increíble del lugar, así como varias especies de aves endémicas que nos vigilaban sigilosas mientras cruzábamos sus tranquilas aguas.

Para finalizar, un chapuzón de altura desde la torre de 4 metros fue nuestro último reto y me sorprendió que el agua no era tan fría como pensaba, lo cual podría ser por el traje de neopreno que te entregan al ingreso del parque acuático, de esta manera nos despedíamos de este mágico lugar.

Si algo nos ha enseñado la pandemia es a replantear y redescubrir las cosas. En el ámbito de turismo y experiencias, nos ha permitido incursionar con otra perspectiva lugares ya conocidos y mirar el otro lado de esas experiencias que creímos que no podían cambiar. Haber disfrutado de la provincia de Imbabura desde lo alto, me permitió entender que el turismo es algo absolutamente dinámico y cambiante.

Cada viaje depende de las circunstancias personales y globales; y eso es lo lindo de viajar. Ningún viaje se parece a uno anterior, por más que sea al mismo destino porque las circunstancias cambian, el mundo cambia. Cada destino, cada trayecto, cada momento y cada experiencia acumulada nos hace crecer como personas y madurar como viajeros. Los viajes, nos llenan de vida.

Datos importantes
Presupuesto:
Alto - más de $200
Tiempo recomendado:
Dos dias
Experiencia relatada por:
Ambar Lopez

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