Corviches y paisajes cambiantes en la carretera

Mauricio Torres

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Presupuesto:
Bajo - $100
Tiempo recomendado:
Medio día

Corviches y paisajes cambiantes en la carretera

Los corviches de Cascol son un monumento gastronómico. Recuerdo que cada vez que viajaba e una van o bus, era una parada obligatoria en la Primax de esta localidad, para que los viajeros puedan disfrutar de ellos. Yo, que por razones de salud no puedo comerlos, siempre he querido ver la reacción de alguien que jamás los haya probado. Por eso me animé a salir un día de paseo para romper la monotonía a realizar este pequeño experimento.

Salir de Guayaquil es el primer paso. A poner gasolina en cualquier Primax de la vía Daule y luego a la carretera. Si bien era domingo, había un poco de tráfico entre la penitenciaria y Nobol. Pero nada grave. Es hermoso ver como el paisaje va cambiando poco a poco. Primero con el río a mano derecha hasta que de repente desaparece y te encuentras rodeados de arroceras, casi a la altura de Nobol. Estar más pendiente del entorno me hizo ver por primera vez que el redondel de Nobol es una postal interesante, y que además tiene una cruz enorme con una leyenda atrás de ella.

Más adelante en el camino, uno se topa con Pedro Carbo, Lomas de Sargentillo e Isidro Ayora. En los domingos estas localidades parecería que están todas de fiesta. En realidad muestran lo que es la vida en un lugar donde no hay centros comerciales. Gente paseando por la calle e interactuando con sus vecinos. Es como viajar en el tiempo y ver como se divertían nuestros padres y abuelos probablemente. Quería parar en cualquiera de estos lugares, pero el hambre podía más y aún había más camino por recorrer. Ese es el grandísimo problema de hacer un paseo cuyo único fin es comer.

Una cosa que siempre me ha llamado la atención de esta ruta son las secciones de esta en las que hay unos pasillos de árboles que la acompañan. Es una postal maravillosa ver estos árboles de teca dar un poco de sombra (además que parecen un bosque). Si se viaja en familia, aquí es donde uno parquea el carro al costado de la carretera (con todas las debidas precauciones) y hace unas fotos familiares. Es recomendadísimo. Nada de fotos con el celular para subir a Instagram, lleve cámara y tome fotos para poner en su casa. A la antigua, y si no hay trípode, acomódela donde pueda y llévese este recuerdo. Si es aventurero, sáltese el alambre de púas y disfrute un rato los alrededores.

Al cruzar otro peaje, estamos ya  alas puertas de Manabí, en la Cadena. Aquí, si se está viajando con niños más pequeños, puede parar y comprar juguetes u otros accesorios qu pueden hacer que el viaje sea mas tolerable para ellos. Hay muñecos inflables, peluches y varias cosas que se pueden conseguir por un precio sumamente bajo.

Luego de casi una hora y media de viaje desde que salimos de casa, llegamos a un valle, donde en la parte baja se encuentra Cascol. después de un par de curvas que  adornadas por unos guayacanes hermosos (mi árbol fetiche), llegas a la Primax, donde está el mini market N.M.C.. Ahí están los famosos corviches. Obviamente, como ya indiqué anteriormente, me tocó contentarme con dos empanadas de queso para ser feliz. Sin embargo, mis acompañantes si probaron estos corviches por primera vez.

Aquí viene la crítica culinaria. Una de ellos dijo que en su casa la chica que cocina los hacía mejor, pero que igual son deliciosos y que estaba sorprendida lo bien despachados que son. sin embargo, que aprendió a valorar el corviche que tienen bajo su propio techo. Por otro lado, Roberto Lecaro, chef y dueño de Dietas Lecaro, se sorprendió que era diferente a los que él conocía. Le gustó y quedó aprobado. De la misma forma en que mis empanadas también fueron degustadas por ellos. Eso si, lastima que el lugar no está habilitado como en otros tiempos, porque el comedor es un lugar con una decoración súper interesante que al estar vacío se apreció un poco más. ¡Ironías de la vida!

Ya en Cascol, avanzamos un poco más, hacia el otro extremo para ir a comprar dulces y quesos. Son también muy famosos, y yo dulcero como ninguno, para mí era el plato principal. Quesos súper salados, alfajores de coco o manjar, melcocha, rompope, rosquitas, galletas de almidón, sal prieta (para mis abuelos), dulces de ajonjolí. Para mí, esto hizo que el viaje valga la pena. Los precios son súper buenos y si te llevas en volumen (que obviamente lo hicimos) hasta te dan yapa.

Antes de regresar, para hacer que le viaje tenga algo más que solo sea comer, visitamos un santuario dedicado a Narcisa de Jesús. Para llegar a él, hay que subir unas cuantas escaleras. Una vez que llegas arriba, el ladrido de los perros bravos molesta un poco. Pero es un buen lugar para aprovechar un poco de viento y pasar la modorra mientras se ve el valle donde está Cascol. Ya con eso, retomamos el viaje de regreso y con la moraleja de que así sea para pasar un rato fuera de la ciudad, o simplemente porque está en el camino, Cascol es un buen lugar para parar a comer.


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Experiencia relatada por:
Mauricio Torres

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