Cascadas de Alex, una aventura selvática en la playa

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Datos importantes
Presupuesto:
medio: $101 - $205
Tiempo recomendado:
3 días

Cascadas de Alex, una aventura selvática en la playa

Esta vez queremos contarles sobre unas cascadas ubicadas muy cerca de la playa de Olón, en la provincia de Santa Elena. Se trata de un complejo turístico llamado Cascadas de Álex, donde la aventura no se centra únicamente en bañarse y relajarse en la poza que se forma junto a la caída de agua, sino que, el protagonismo también lo comparten un sendero, una vista amplia desde un mirador en el cerro y el paseo alrededor –e interior– de enormes árboles.

¿Cómo llegar a este lugar (sin perderse)? Aquí se los contaremos; primero debemos viajar hasta la playa de Olón. Si partimos desde Guayaquil, tardaremos alrededor de tres horas, son 165 km, por eso les recomendamos abastecerse de snacks y bebidas en la Primax de Vía a La Costa.

El complejo abre sus puertas a partir de las 10:00 Am, por lo que, si desean visitarlo el mismo día, deberán salir muy temprano de la ciudad. Nosotros decidimos viajar con calma y pasar la noche en un hospedaje en Olón y visitar las cascadas al día siguiente. Así podíamos descansar y tener toda nuestra energía recargada para la mañana. Por otra parte, para ingresar a las Cascadas de Álex, se debe reservar mínimo con un día de anticipación.

Al momento de contactarlos, sea por WhatsApp (0991750304) o por su cuenta de Instagram (@cascadasdealex.olon), ellos les ayudarán con la reservación y con las indicaciones para llegar hasta el complejo; a nosotros nos enviaron un video donde mostraban el camino completo, desde la calle que debíamos tomar, hasta los desvíos por donde teníamos que girar.

Pueden ir en su propio vehículo o en bicicleta (las alquilan en la comuna). En esta ocasión decidimos ir en taxi –nos cobró $10.00, sólo ida–, desde el centro de Olón son aproximadamente 25 minutos y se atraviesa un camino sin asfaltar, es en el interior de la montaña.

En ese sector, la señal de celular es escasa. Si van en taxi, les recomendamos acordar una hora con el conductor para que los vaya a recoger, si no les tocará regresar a pie, como sucedió con nosotros.

Al llegar, Junli y Byron nos recibieron. Nos mostraron las áreas del sitio y nos sugirieron, como primera actividad, hacer el corto ascenso hasta El Mirador. También nos presentaron a los guías: Nerón y Caramelo, dos tiernos perros que nos acompañaron durante todo el trayecto. Expresaban su cariño arrimándose en dos patas y manchando nuestra ropa; aún así, los amamos.

Junli y Byron –los encargados del complejo turístico– nos preguntaron por nuestra talla del pie, nos dieron unas botas de caucho para realizar el sendero y andar por toda la zona. El costo de la entrada es de $15.00 por persona e incluye un almuerzo (seco de pollo con bebida), las botas, el uso de las instalaciones y el acceso a los senderos y cascadas.

La mañana estaba fresca, no había mucho sol. Una vez listos, iniciamos el ascenso. Los perritos iban primero. Habían unas cuerdas a los costados que servían de apoyo. También nos ayudábamos con los árboles, el sendero era corto –tardamos 20 minutos en llegar a la parte alta– pero empinado y resbaladizo, ya que la noche anterior había llovido.

Hicimos todo lo posible para no caer ni ensuciarnos, pero al celebrar que alcanzamos la cima en poco tiempo, Nerón y Caramelo se encargaron de embarrarnos con tierra y lodo (cargábamos ropa blanca para no atraer a los mosquitos).

¡La vista que teníamos nos fascinó! La neblina nos acompañó: le daba un toque distinto al panorama. Nos sentíamos como en la selva, aunque sabíamos que el mar se hallaba a pocos kilómetros. Habían mosquitos, ya que nos encontrábamos rodeados de pura naturaleza, por eso es importante no olvidarse del repelente.

Nos percatamos de que el camino continuaba subiendo por el cerro –más angosto y tapado ligeramente por las plantas–. Avanzamos un poco más, hasta donde se perdía el rastro. Tomamos algunas fotos, dimos media vuelta y descendimos por el mismo tramo. Después nos contaron que, en esa parte, están armando un nuevo sendero que llegará hasta el otro lado de la montaña, piensan abrirlo lo antes posible; sin duda será una caminata impresionante.



Luego nos dirigimos, junto con los guías caninos, al sendero conocido como La Jungla. La caminata también fue corta, tardamos tres minutos en llegar hasta un enorme árbol, en donde su característica principal era su tronco abierto, simulando una cueva pequeña.

Se puede cruzar por su interior, es un punto ideal para jugar con la cámara. Durante el trayecto se pueden apreciar varios tipos de árboles, como el bambú; hay letreros indicando el nombre de cada uno.

La siguiente parada fue hacia el atractivo principal del lugar: las cascadas. Son tres en total. Por ser un día martes, nos encontrábamos solos. Llegamos rápidamente a la primera, dejamos las mochilas sobre la única mesa de madera y caminamos hacia las otras dos. Lamentablemente, debido a la sequía de esta época, se hallaban vacías, sin agua.

Por lo general, las personas se lanzan desde diferentes alturas, pero en estas circunstancias, si saltábamos, sólo hubiésemos conseguido golpearnos contra las piedras.

Pretendíamos entrar lo máximo posible en la montaña, así que subimos hasta la parte final, donde acababa el camino. A pesar de no haber encontrado agua, nos gustó contemplar la naturaleza espesa, eso nos acaloró, regresamos a la primera cascada dispuestos a bañarnos.

Allí se forma una especie de piscina natural, el agua es clara, muy helada y refrescante para el cuerpo. Es mejor brincar y zambullirse sin pensarlo demasiado. Sobre la parte más honda existe una cuerda que alcanza ambos extremos de las rocas para sostenerse, por si alguien no sabe nadar.

Sugerimos dejar el baño de las cascadas para el final, ya que los relajará después de las caminatas. En un momento nos encontrábamos flotando sobre el agua –casi a la 01:30 Pm–, cuando de repente, apareció Byron corriendo y nos dijo que los monos aulladores estaban dando saltos entre las copas de los árboles, cerca de la cocina y la entrada principal del complejo.

Estos animalitos bajan de la montaña y llegan hasta el sendero de La Jungla, allí comen del fruto de unos árboles y retornan al cerro. A veces se los pueden ver, paseando entre los árboles de las instalaciones, a las 07:00 Am o 04:00 Pm, aunque en otras ocasiones, sus horarios resultan impredecibles.

Las Cascadas de Álex también cuentan con una piscina que se llena con agua de río. En esta no nos metimos, ya nos habíamos secado y puesto la ropa, aparte, teníamos hambre y estábamos agotados. Junli y Byron nos sirvieron los platos de comida en el comedor.


Mantuvimos una conversación extensa, nos brindaron una tacita de té de hierba luisa y nos despedimos a las 03:00 Pm, no sin antes preguntar si podíamos tomar prestado a Nerón y Caramelo –nuestros guías caninos– por varios días.

Nos hubiésemos quedado más tiempo, pero nuestro regreso a Olón lo íbamos a hacer caminando. Tardamos dos horas. Al comienzo nos acompañaron árboles gigantes y frondosos que formaban un túnel, luego el camino se volvió llano y aburrido.

Vimos vacas, pasamos por algunas viviendas cuyos perros guardianes salieron a ladrarnos. Un chico en una moto ofreció llevarnos, pero decidimos continuar a pie: obvio, después nos arrepentimos. Si no quieren agregar esta larga caminata a su aventura, recuerden acordar una hora con el taxista, asimismo, pueden ir en su propio vehículo o alquilar una bicicleta.

En las Cascadas de Álex también es posible acampar. El valor es de $35.00 por persona e incluye carpa, colchoneta, bolsa de dormir y dos comidas; dicen que, al pasar la noche, tienen más probabilidades de ver a los monos aulladores.

Sea que vayan por el día o decidan dormir en el complejo, este es un plan diferente que lo pueden realizar en cualquier momento, sobre todo en los días nublados o durante la época fría (que va de julio a noviembre).

Hospedaje en Olón: Como retornamos caminando a la comuna, se nos hizo tarde y decidimos pasar una noche más en el Hostal Oloncito. Pagamos $29.00 –por noche– por la habitación sencilla, había cocina compartida (fundamental para nosotros) y se ubicaba a escasos pasos del mar, en un área donde nos topamos con poca gente.

Datos importantes
Presupuesto:
medio: $101 - $205
Tiempo recomendado:
3 días
Experiencia relatada por:
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